Del 27 al 30 de Abril:
FORO INTERNACIONAL “ZARAGOZA ES BICI”
XIV CONGRESO IBÉRICO “LA BICICLETA Y LA CIUDAD”
II FESTIVAL URBANO “CULTURAS CICLISTAS”
I ENCUENTRO DE MUJERES CICLISTAS
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Día 2: breve reflexión a pie de pedal

Lo normal es muy raro…

¿Nos hemos acostumbrado a lo insólito? Es una pregunta que se ha compartido en diferentes momentos de las varias sesiones que han tenido lugar a lo largo de hoy en La Ciudad de las Bicis. Con la bicicleta en el centro de la reflexión, personas dedicadas al urbanismo, la arquitectura, la ingeniería y la sociología coincidían hoy en preguntarse por qué extraño camino lo excepcional ha ido adquiriendo carta de habitual e imponiendo su marca en lo cotidiano.

Nuestras ciudades acogen diariamente una gran variedad de modos de desplazarse. Menos de un tercio de estos desplazamientos se realizan en coche. Sin embargo, el espacio público está ocupado en sus tres cuartas partes por el automóvil. Pensar en la bicicleta y su relación con nuestras ciudades obliga a enfrentarse a la pérdida progresiva de espacio para las personas que se ha producido en las ciudades durante el siglo XX.

En un momento de crisis de civilización y medioambiental, la bicicleta postula además muchas y variadas soluciones al alcance las ciudades, independientemente de su tamaño. Muchas de estas soluciones, como la conversión de las calles de tráfico restringido a doble sentido ciclista, tienen además un coste cercano a cero. Otras, como el reparto en bici de mercancías por el centro de las ciudades, pueden ya implementarse con un mínimo de voluntad política, con un poco de voluntad colectiva, puesto que empresas de logística e infraestructuras urbanas ya están dispuestas para este salto.

Los viajes de menos de 5 kilómetros en coche son absurdos. Lo hemos escuchado, con estas mismas o parecidas palabras, de la boca de personas de lo más dispar, desde Ruud Ditewig, concejal de movilidad en Utrecht por el partido conservador holandés (VVD), a Marta Román de GEA 21, o Anne Eriksson, experta danesa en movilidad sostenible. Ofrecer más y más espacio a máquinas directamente responsables de causar graves problemas de salud no tiene sentido ninguno, se mire por donde se mire y seas o no ciclista. Convertir en una jungla inhóspita las calles cuando las ciudades son, principalmente, espacios de convivencia e intercambio humano, habla muy mal de la deriva de nuestra forma de vida. Lo normal es compartir los espacios comunes en igualdad de condiciones, cuidar de los elementos más débiles, no ensuciar porque sí, ni salir a la plaza con dispositivos listos a generar competición, agresividad y, en último término, violencia y muerte. Lo normal está mucho más cerca del espíritu alegre de la bicicleta. Pero es que lo normal se ha vuelto muy muy raro.